
Con una masiva participación de fieles, comunidades y agentes pastorales, la parroquia Parroquia Nuestra Señora de la Merced vivió una significativa celebración de acción de gracias por el servicio pastoral realizado por el sacerdote Javier González Donoso, quien fue convocado por su congregación de la Madre de Dios para asumir una nueva misión en Santiago.
La Eucaristía estuvo marcada por momentos de profunda emoción y reconocimiento hacia el ministerio desarrollado por el religioso durante seis años en la comunidad de la Merced, tiempo en el que impulsó diversas iniciativas pastorales, espirituales y formativas.
Significativas ofrendas marcaron la celebración
Uno de los momentos más simbólicos de la misa fue la presentación de las ofrendas, donde la comunidad llevó hasta el altar diversos signos vinculados al caminar pastoral del sacerdote.
Entre ellos destacaron las reliquias de San Juan Leonardi y Carlo Acutis, las cuales gracias a la gestión del Padre Javier pudieron ser expuestas permanentemente para la veneración de los fieles en el templo parroquial.
Asimismo, se presentó su estola sacerdotal como signo del ministerio ejercido en medio de la comunidad, junto con su lema sacerdotal, reflejando la identidad espiritual y pastoral que marcó su servicio en Calama.
Luego de la Liturgia Eucarística, se dio paso a diversos mensajes de acción de gracias en representación de las comunidades parroquiales y pastorales que compartieron junto al sacerdote durante estos años.
En un ambiente cargado de emoción, representantes de las comunidades Santa Teresita de Jesús de los Andes, San Ramón Nonato, Sagrada Familia, Nuestra Señora de los dolores y Nuestra Señora de la Merced expresaron palabras de afecto, gratitud y bendiciones para la nueva misión encomendada al religioso.
Los testimonios destacaron especialmente su cercanía con las familias, el acompañamiento espiritual, su impulso a la catequesis y el fortalecimiento de la vida comunitaria en tiempos especialmente complejos como la pandemia.
Bajo el manto de la Virgen de la Merced
Otro de los momentos más conmovedores de la celebración fue la bendición comunitaria realizada junto a las camareras de la Virgen, quienes colocaron al sacerdote bajo el manto de Nuestra Señora de la Merced para elevar una oración por su ministerio sacerdotal y por la nueva misión que emprenderá en Santiago.
El gesto simbolizó el cariño y la protección maternal de la Virgen hacia quien acompañó pastoralmente a la comunidad durante estos años.
“Dios me trasladó al desierto y me habló al corazón”
Antes de la bendición final, el Padre Javier González Donoso dirigió un profundo y emotivo mensaje de acción de gracias, recordando su llegada a Calama en medio de la incertidumbre de la pandemia de coronavirus.
Entre los aspectos fundamentales de su intervención destacó el recuerdo de su llegada a la comunidad en medio de la pandemia, reconociendo que arribó con incertidumbre y temor, pero también con el deseo de “gastarse por el Evangelio y ser un buen vecino”, misión que asumió con humildad y el buen consejo del obispo Óscar (Blanco Martínez)
El sacerdote valoró especialmente cómo Dios se manifestó en medio de la realidad del desierto, descubriendo en la gente sencilla, en la fe andina, en los jóvenes, en el sufrimiento humano y en la fraternidad sacerdotal, verdaderos signos de la presencia de Dios. En ese sentido afirmó que “Dios me trasladó al desierto y me habló al corazón”.
El Padre Javier manifestó que su paso por Calama fortaleció su vocación y ministerio sacerdotal, señalando que esta experiencia fue “una escuela de vida” que le permitió reencontrarse humana, espiritual y vocacionalmente.
Asimismo, expresó un profundo cariño por la espiritualidad mariana vivida en la diócesis, mencionando especialmente a Nuestra Señora de la Merced y a la Virgen de Ayquina como signos de protección y compañía permanente en su caminar pastoral.
Finalmente, el Padre Javier agradeció a la comunidad por todo lo vivido, asegurando que las personas y experiencias compartidas lo ayudaron a ser “más humano, más hermano y más sacerdote”, concluyendo con un mensaje de esperanza y confianza en Dios, reconociendo que durante este tiempo “Dios me ha bendecido, me ha cuidado y me ha preparado”.