

La Diócesis San Juan Bautista de Calama celebró una emotiva eucaristía de despedida para la Fraternidad El Camino, comunidad religiosa que durante seis años desarrolló su misión en la ciudad con un sello inequívoco de servicio a los pobres y los más desvalidos. La misa, presidida por el obispo Tomás Carrasco Cortés junto a sacerdotes y diáconos de la diócesis, se realizó en la Parroquia Jesús Obrero, donde los frailes desarrollaron su labor más reciente, y congregó a comunidades religiosas y fieles del sector que expresaron su agradecimiento por el trabajo y la fraternidad vivida junto a los religiosos.
En su homilía, monseñor Tomás Carrasco resaltó la celebración de la solemnidad de la Anunciación o Encarnación del Verbo, para dirigir un mensaje cargado de afecto y reconocimiento a los frailes que parten. El obispo reflexionó sobre el «sí» de María como modelo para la vida consagrada e invitó a los religiosos a continuar su camino sin temor, recordándoles que es Dios quien construye y quien salva. «Déjense habitar por Dios», les pidió, instándolos a no perder jamás la oración y la relación íntima con el Señor, el «tesoro más preciado» de cualquier consagrado. Con visible emoción, el obispo admitió al superior de la comunidad: «Los vamos a extrañar. Los pobres también los van a extrañar mucho», reconoció ante la asamblea.
Por su parte, fray Alberto, uno de los religiosos que permaneció por más tiempo en Calama, compartió un mensaje cargado de humildad y gratitud. En su intervención, resumió la experiencia vivida en tres palabras: “perdón, memoria agradecida y camino”.
El fraile pidió disculpas si en algún momento no lograron reflejar plenamente el rostro de Cristo en su servicio, reconociendo las limitaciones humanas propias de la vida consagrada. “Hay un pueblo que espera ver en nosotros a Jesús”, afirmó.
Al mismo tiempo, destacó la importancia de hacer memoria agradecida del paso de Dios durante estos años, valorando tanto las alegrías como los desafíos vividos en comunidad. “No podemos quedar presos en la nostalgia, sino reconocer que Dios hizo su obra en medio de nosotros”, señaló.
Finalmente, llamó a continuar el camino de fe, recordando que la vida cristiana es un constante peregrinar: “Nuestra patria definitiva es la eternidad, y mientras tanto estamos llamados a seguir avanzando en la conversión y la santidad”.
La Fraternidad El Camino llegó a Calama hace seis años con la vocación de hacer de su casa, a la que su fundador llamó fraternitas, un hogar de puertas abiertas para todos. A lo largo de este tiempo, los frailes se distinguieron por su cercanía con los sectores más vulnerables, la acogida incondicional y una vida de oración que sustentó su misión. Al cierre de la celebración, el obispo dejó una puerta abierta para el futuro: «Cuando quieran fundar la segunda casa en Chile, acuérdense de la cuna. Aquí los acogeremos con los brazos abiertos».