
La comuna de San Pedro de Atacama vivió con profunda devoción la solemnidad de San Pedro y San Pablo una de las festividades religiosas más emblemáticas del territorio, donde la fe cristiana y la cultura ancestral del pueblo Lickanantay se unen en una celebración que ha sido preservada por generaciones.
Organizada por la Parroquia San Pedro, la Municipalidad de San Pedro de Atacama, las comunidades, los Bailes Religiosos y numerosos vecinos que mantienen viva esta tradición, la festividad congregó a religiosas, cientos de fieles, invitados especiales y visitantes que participaron en la Eucaristía principal celebrada a un costado del templo parroquial.
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La Santa Misa fue presidida por el obispo de la Diócesis San Juan Bautista de Calama, monseñor Tomás Carrasco Cortés, y concelebrada por el párroco, presbítero Néstor Veneros; el vicario parroquial, padre Teodosio Mamani; además de sacerdotes de la diócesis y el diácono permanente Claudio Olivares.
Durante su homilía, el obispo destacó la figura de los santos Pedro y Pablo como «las columnas vivas sobre las que el Señor quiso edificar su Iglesia», recordando que, pese a sus diferencias, ambos fueron unidos por un mismo amor a Jesucristo. En ese contexto, invitó a los presentes a responder personalmente la pregunta que Jesús dirigió a sus discípulos: «¿Quién dicen ustedes que soy yo?», afirmando que la fe no puede sostenerse únicamente en lo que otros creen, sino en una experiencia personal con Cristo.
Monseñor Carrasco subrayó que Pedro fue elegido no por su perfección, sino porque Dios vio en él un corazón capaz de convertirse. «La Iglesia no está edificada sobre la perfección de los hombres, sino sobre la fidelidad de Dios», expresó, señalando que esa promesa sigue siendo fuente de esperanza para los creyentes de hoy.
Uno de los momentos centrales de su reflexión estuvo dedicado a la importancia de la oración comunitaria. Recordando el relato de los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro permanecía encarcelado mientras la Iglesia oraba incesantemente por él, el pastor diocesano afirmó que esa imagen continúa vigente. «Cuando alguien sufre, la Iglesia ora. Mientras el mundo ve cadenas, la comunidad pone su confianza en Dios», señaló, invitando a fortalecer la vida espiritual de las familias, de los agentes pastorales y de toda la comunidad cristiana.
También recordó el testimonio de San Pablo, quien al final de su vida pudo decir: «He combatido el buen combate, he conservado la fe», animando a los fieles a transmitir ese mismo legado a las nuevas generaciones. «La mayor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es conservar la fe», afirmó.
Al concluir su mensaje, el obispo valoró el testimonio de la comunidad de San Pedro de Atacama por mantener vivas sus tradiciones religiosas y culturales. «Estas tierras del desierto florecen con su fe porque han conservado la cultura y han transmitido la fe de generación en generación», expresó.
Por su parte, el párroco Néstor Veneros agradeció el compromiso de todas las instituciones y personas que hicieron posible la festividad, destacando el trabajo conjunto desarrollado con espíritu de unidad y fraternidad. Señaló que esta celebración constituye una oportunidad para el reencuentro de la comunidad, fortalecer los vínculos entre sus habitantes y renovar la esperanza mirando el futuro.
La jornada culminó con la tradicional procesión en honor a su santo patrono, acompañada por los Bailes Religiosos y cientos de devotos que, con cantos, música y oración, renovaron una expresión de fe que forma parte del patrimonio espiritual y cultural del pueblo Lickanantay y de toda la comuna de San Pedro de Atacama.