Iglesia de Calama

Diócesis San Juan Bautista

Ayquina una fiesta de la alegría, gratitud y bendición

09-09-2016

Miles de fieles se congregaron como cada 8 de septiembre, solemnidad de la Natividad de la Virgen María  para homenajear a Nuestra Señora Guadalupe de Ayquina constituida como la Fiesta Religiosa más importante de la Región de Antofagasta.

En el poblado al interior de Calama y que durante el año solo acoge a una docena de familias, se llena de música, danza y devoción con los Bailes Religiosos, otros  llegan al lugar caminando en un recorrido de cerca de 80 kilómetros por pleno desierto en un sacrificio que busca el gesto amoroso de la “Chinita”.
 
Por primera vez le correspondió al Obispo Óscar Blanco Martínez desde su ordenación episcopal, presidir la Eucaristía principal que fue concelebrada por el Vicario General, P. Enrique Olivé Turu y el Vicario Pastoral, José Luis Plaza Monardes. En la oportunidad el Pastor quiso enfocar su homilía con tres conceptos que dijo son propios de la manifestación de fe que se vive durante estos días de fiesta; alegría, gratitud y bendición.
 
Alegría de la fe que brota en este desierto, señaló el Obispo, que se manifiesta durante toda la celebración, especialmente con el canto, la danza y el baile “Qué sería de esta fiesta sin su baile, canto, danza y los tambores, sin la alegría que ustedes expresan. Les invito a que canten y bailen su fe a Dios y a nuestra Madre Santísima”.
 
Otro concepto que compartió monseñor Blanco fue la gratitud, “que bien nos hace ser agradecidos. Hoy queremos agradecer a Dios por la vida, por el amor que nos tiene, por su misericordia. Gracias a Dios por los que han permitido que esta fiesta se realice año tras año, desde el más humilde al más importante (…) tenemos que ser agradecidos porque María, aquella que tanto  esperaba el mundo, ha nacido y se ha transformado en el mejor de los regalos. A ella hemos venido por su intercesión, por su amistad, por estar siempre con nosotros como lo está una buena Madre”.
 
Por  último el Obispo Óscar Blanco Martínez señaló que todos hemos acudido al encuentro con el Señor y su Madre para buscar la bendición “Si hay una vocación de todo cristiano es ser discípulo misionero de bendiciones (…) bendecir significa decir bien. Hermanos digamos bien el uno del otro, bendecir es hablar bien de mi hermano, de la familia, incluso de mi enemigo, bendecir es amar al prójimo”, finalizó.
 

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